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Expectativas en la lactancia materna: lo que casi nadie te cuenta

  • Foto del escritor: Violeta Reyna Asesora de Lactancia
    Violeta Reyna Asesora de Lactancia
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura
mamá en Alemania empezando la lactancia materna

Cuando hablamos de lactancia materna, muchas veces se repite la idea de que con la información correcta todo va a fluir mejor. Y aunque es cierto que la información es muy importante, no siempre es suficiente.

Muchas veces la lactancia no suele “fracasar” por falta de técnica. Muchas veces se complica, o incluso se abandona, por las expectativas irreales, por la presión externa y por la cantidad de opiniones que rodean a una madre, especialmente cuando es primeriza. Y si además eres mamá migrante, esa presión se vive con más intensidad. Estás lejos de tu red, en otro idioma, en otra cultura, intentando hacerlo bien mientras todo el mundo parece tener una opinión sobre tu bebé, tu cuerpo y tus decisiones. Comentarios que, aunque no siempre tengan mala intención, van sembrando duda. Y la duda pesa.


Muchas imaginamos la lactancia como algo instintivo, casi mágico. Un bebé que se prende con facilidad, tomas tranquilas, una madre segura de sí misma. Pero lo que casi nadie cuenta es que al inicio puede haber cansancio extremo, tomas muy largas, noches fragmentadas y un bebé que parece no querer separarse del pecho. A veces ni siquiera hay tiempo para ducharse, y mucho menos para cumplir con esa imagen idealizada de la maternidad.


Entonces aparece la comparación con otras madres, con lo que ves en redes, con lo que “debería ser”. Y poco a poco, la lactancia empieza a hacerse más difícil. No necesariamente porque no funcione, sino porque la mente se llena de dudas, exigencias y miedo a estar haciéndolo mal.


Muchas veces, cuando una madre está agotada, estresada o desbordada, aparecen soluciones rápidas que prometen alivio inmediato. No siempre como una decisión consciente, sino como una forma de escapar del cansancio y de la presión. Y ahí es donde la lactancia puede empezar a romperse, no por el bebé, sino por todo lo que pesa alrededor.


Por eso es tan importante ajustar las expectativas. No para resignarse, sino para dejar de luchar contra una realidad que es profundamente biológica. Cada bebé es distinto. Cada madre también. Y cada lactancia encuentra su propio ritmo.


Y tener toda la información no va a hacer que tu bebé se comporte distinto ni que la lactancia se vuelva fácil de repente. Tu bebé va a seguir pidiendo pecho, va a necesitar contacto, va a despertarse por la noche y va a buscarte a ti. Y es necesario saber que eso no es un problema, porque eso, es parte de su naturaleza y de cómo responde a tu cuerpo. Lo que sí cambia es cómo tú afrontas lo que estás viviendo, la información no transforma al bebé, transforma tu mirada. Te ayuda a entender que lo que pasa es normal, que no estás fallando y que no hay nada mal en ti ni en tu bebé.


Cuando comprendemos esto, la experiencia se vive de otra manera. Con menos lucha interna, menos culpa y más aceptación. No porque todo sea fácil, sino porque deja de sentirse como algo que “debería ser distinto”.

La lactancia no se sostiene solo con técnica. Se sostiene cuando una madre confía en sí misma y se siente acompañada. Y desde ahí, todo pesa un poco menos.


Si sientes que la lactancia te está removiendo más de lo que esperabas, o que necesitas un espacio donde hablar sin juicios y con información clara, puedes escribirme. Acompaño a mamás, especialmente migrantes, para que no tengan que transitar este momento solas y puedan tomar decisiones desde la calma y la confianza. Estoy aquí para ti ❤️

 
 
 

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